Con tu llegada hace 15 años llenaste de amor nuestros espacios vacíos, inundaste con tus travesuras mis momentos grises, con tus besos estudiados me devolviste la alegría, fuiste la confidente fiel de mi travesía errática, aquellos momentos épicos de siestas infinitas, esos momentos en que con sólo mirarte tenía la certeza que sentías lo que vivía y respiraba en esos instantes, esos tus ojos de bruja sabia que me dictaban palabras de tranquilidad en las múltiples oscuridades, como fuiste testigo de excepción de mis desmesuras que asumiste callada, simplemente estando allí, evoco tu cariño inagotable con toda mi familia, recuerdo como fuiste la guardiana infatigable de las madrugadas laboriosas de mi madre, como ella te hizo parte de sus discursos.
El despertar fiel al silvido de mi papá, que aún piensa que te sacaba a pasear para que respiraras el aire impuro de Lima, cuando todos sabemos que en realidad eras tú la que acompañabas a mi padre en el breve camino al parque de la vuelta de la casa, por el amor sincero que le tenías. En mi memoria te tengo tatuada con un gorro que fue un engorro porque dinamitó tu intranquilidad canina y sustrajo tus fuerzas, nos causó mucha risa, sí, pero luego te lo quitamos para no continuar con este trance de zombi que te secuestraba.
Tantas cosas vividas, tantos recuerdos tallados en la memoria y en el corazón, tuvieron su final desgarrador el pasado lunes, cuando tres médicos nos dijeron que tu permanencia en este mundo era un acto de egoísmo, que tu sufrimiento no tenía retorno, que tus fuerzas habían partido en rigurosas dosis semanales, que la depresión se había instaurado en tu vida y que la flaqueza dominaba tu futuro.
Me diste una vida alegre, me escuchaste y me amaste y yo adoré cada mirada tuya, cada paseo por el parque, como movías tu cabecita en señal de pregunta, como subías a mi cama cuando estaba enfermo, como me acompañaste cuando te abracé y te conte que me había graduado de abogado, como me esperabas sin fatiga cuando llegaba a casa, sin importar la hora, siempre estabas allí para mí.
Y siempre estarás allí, siempre serás parte de mi, de mis miserias y mis éxitos, de mis tristezas y alegrías, de mi sonrisa y el llanto que se apodera ahora de mis ojos, porque cuando aquel lunes a la tarde te obligamos a renunciar a tu vida dolorosa y la vejez fatigosa, cuando tu corazón se detuvo por esa inyección mounstruosa y aberrante, cuando finalmente dejaste de temblar, en ese momento, en ese mismo instante de tu partida, se fue contigo una parte de mi vida y de mi alma.
Hasta siempre mi pequeñita ... mi Canelita.
jueves, 29 de diciembre de 2011
miércoles, 21 de septiembre de 2011
ESTADIO INCIERTO
Cuidas de mí con dulzura ... cuido de tí con premura, temor e inocencia, el tiempo se me agota. Hoy puede ser el última día.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Tu Ganas
He vivido bajo la firme creencia que la sonrisa y la predisposición a hacer el bien me hace mejor persona, considero como valor primario la alegría, para hacer de mi vida un tránsito sosegado, apacible y tranquilo por este mundo.
No considero haber vivido mal en la etapa de niñez y juventud, las cuales transcurrieron sin mayores sobresaltos, si acaso, sin aspavientos que hayan marcado mi memoria.
Quizá la vida tan ausente y pausada que tuve antes, a caído en cuenta de su tácita distracción en no procurarme unos pocos problemas o sinsabores, tan propios de este mundo terreno.
Si embargo, veo el presente tan azaroso y agresivo conmigo, pródigo en turvulencias y preocupaciones no deseadas, en la intolerancia del capricho sordo, el que no entiende razones, aquel que habita el espacio del "primero soy yo y mis deseos ... y después tú". He combatido ferozmente la tozudes con palabras nobles, de afecto, de amor constante. He tratado de ser constante en mi perspectiva de que el horizonte me (nos) augura tranquilidad, sosiego, calma, que todos los problemas pasarán, que hacerles frente con alegría y buen humor nos convierte en bravíos guerreros que no dan por vencida una batalla hasta su culminación inexorable.
Pero el efecto de la gravedad reunido en la persona que amo está aplastando ferozmente las columnas sobre las cuales he construido una felicidad que veo ahora endeble, frágil, debilitada por las constantes y desmesuradas descargas de negativismo, de pensamientos innobles y tristes, de abatimiento, de sentimientos depresivos y contrariados, totalmente impropios de la realidad en la que vivimos, y que imagino no logra adaptarse.
Digo esto por el cúmulo de preocupaciones y situaciones deprimentes que le he visto sufrir cuando la conocí, y durante nuestros primeros tiempos de convivencia, por lo cual soy un convencido que tiene la idea formada que lo suyo es vivir en una tristeza constante, en un caminar sollozante y doliente, en un perpetuo drama hindú.
No lo entiendo, no lo comparto, aborrezco esta forma de vida, este llanto como método para conseguir algo, este globo de energía negativa que ahora siento que me absorve, me aplasta violentamente, me arroja a los extramuros de una vida natural, que aspira mis fuerzas de seguir adelante, de vivir con dignidad y hacerle frente a las circunstancias de la vida y al azar, ese bicho tan mezquino que nos pone trampas y emboscadas insólitas, inesperadas.
Y es en este estado, tan derrotado como me siento, tan infeliz como me veo ahora, que te escribo sólo para decirte que GANASTE, ganaste esta partida, fuiste más fuerte que yo en el ejercicio del aguante, de la capacidad de soportar y tolerar todo lo malo, venga de donde venga.
GANASTE.
No considero haber vivido mal en la etapa de niñez y juventud, las cuales transcurrieron sin mayores sobresaltos, si acaso, sin aspavientos que hayan marcado mi memoria.
Quizá la vida tan ausente y pausada que tuve antes, a caído en cuenta de su tácita distracción en no procurarme unos pocos problemas o sinsabores, tan propios de este mundo terreno.
Si embargo, veo el presente tan azaroso y agresivo conmigo, pródigo en turvulencias y preocupaciones no deseadas, en la intolerancia del capricho sordo, el que no entiende razones, aquel que habita el espacio del "primero soy yo y mis deseos ... y después tú". He combatido ferozmente la tozudes con palabras nobles, de afecto, de amor constante. He tratado de ser constante en mi perspectiva de que el horizonte me (nos) augura tranquilidad, sosiego, calma, que todos los problemas pasarán, que hacerles frente con alegría y buen humor nos convierte en bravíos guerreros que no dan por vencida una batalla hasta su culminación inexorable.
Pero el efecto de la gravedad reunido en la persona que amo está aplastando ferozmente las columnas sobre las cuales he construido una felicidad que veo ahora endeble, frágil, debilitada por las constantes y desmesuradas descargas de negativismo, de pensamientos innobles y tristes, de abatimiento, de sentimientos depresivos y contrariados, totalmente impropios de la realidad en la que vivimos, y que imagino no logra adaptarse.
Digo esto por el cúmulo de preocupaciones y situaciones deprimentes que le he visto sufrir cuando la conocí, y durante nuestros primeros tiempos de convivencia, por lo cual soy un convencido que tiene la idea formada que lo suyo es vivir en una tristeza constante, en un caminar sollozante y doliente, en un perpetuo drama hindú.
No lo entiendo, no lo comparto, aborrezco esta forma de vida, este llanto como método para conseguir algo, este globo de energía negativa que ahora siento que me absorve, me aplasta violentamente, me arroja a los extramuros de una vida natural, que aspira mis fuerzas de seguir adelante, de vivir con dignidad y hacerle frente a las circunstancias de la vida y al azar, ese bicho tan mezquino que nos pone trampas y emboscadas insólitas, inesperadas.
Y es en este estado, tan derrotado como me siento, tan infeliz como me veo ahora, que te escribo sólo para decirte que GANASTE, ganaste esta partida, fuiste más fuerte que yo en el ejercicio del aguante, de la capacidad de soportar y tolerar todo lo malo, venga de donde venga.
GANASTE.
martes, 8 de marzo de 2011
El Inicio
La simpleza de la común existencia humana, y el grito interior que ahogo constantemente me obliga a escribir estas líneas afiebradas, agitadas, virulentas, nocivas, excentas de pudor y cortesía, esa tranquilidad malsana que constituye mi ropaje diario, la mansedumbre de un ser agotado de vivir bajo el yugo agoviante del trabajo remunerado y la sonrisa fácil para con cualquiera.
Este es pues el inicio de una catarsis agresiva, un ejercicio de exorcismo que pretende practicarse en primera persona, con la víctima y el victimario embutidos en el mismo cuerpo; en suma, el razonamiento que subyace al ser bipolar que habita en mí.
Este es pues el inicio de una catarsis agresiva, un ejercicio de exorcismo que pretende practicarse en primera persona, con la víctima y el victimario embutidos en el mismo cuerpo; en suma, el razonamiento que subyace al ser bipolar que habita en mí.
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