He vivido bajo la firme creencia que la sonrisa y la predisposición a hacer el bien me hace mejor persona, considero como valor primario la alegría, para hacer de mi vida un tránsito sosegado, apacible y tranquilo por este mundo.
No considero haber vivido mal en la etapa de niñez y juventud, las cuales transcurrieron sin mayores sobresaltos, si acaso, sin aspavientos que hayan marcado mi memoria.
Quizá la vida tan ausente y pausada que tuve antes, a caído en cuenta de su tácita distracción en no procurarme unos pocos problemas o sinsabores, tan propios de este mundo terreno.
Si embargo, veo el presente tan azaroso y agresivo conmigo, pródigo en turvulencias y preocupaciones no deseadas, en la intolerancia del capricho sordo, el que no entiende razones, aquel que habita el espacio del "primero soy yo y mis deseos ... y después tú". He combatido ferozmente la tozudes con palabras nobles, de afecto, de amor constante. He tratado de ser constante en mi perspectiva de que el horizonte me (nos) augura tranquilidad, sosiego, calma, que todos los problemas pasarán, que hacerles frente con alegría y buen humor nos convierte en bravíos guerreros que no dan por vencida una batalla hasta su culminación inexorable.
Pero el efecto de la gravedad reunido en la persona que amo está aplastando ferozmente las columnas sobre las cuales he construido una felicidad que veo ahora endeble, frágil, debilitada por las constantes y desmesuradas descargas de negativismo, de pensamientos innobles y tristes, de abatimiento, de sentimientos depresivos y contrariados, totalmente impropios de la realidad en la que vivimos, y que imagino no logra adaptarse.
Digo esto por el cúmulo de preocupaciones y situaciones deprimentes que le he visto sufrir cuando la conocí, y durante nuestros primeros tiempos de convivencia, por lo cual soy un convencido que tiene la idea formada que lo suyo es vivir en una tristeza constante, en un caminar sollozante y doliente, en un perpetuo drama hindú.
No lo entiendo, no lo comparto, aborrezco esta forma de vida, este llanto como método para conseguir algo, este globo de energía negativa que ahora siento que me absorve, me aplasta violentamente, me arroja a los extramuros de una vida natural, que aspira mis fuerzas de seguir adelante, de vivir con dignidad y hacerle frente a las circunstancias de la vida y al azar, ese bicho tan mezquino que nos pone trampas y emboscadas insólitas, inesperadas.
Y es en este estado, tan derrotado como me siento, tan infeliz como me veo ahora, que te escribo sólo para decirte que GANASTE, ganaste esta partida, fuiste más fuerte que yo en el ejercicio del aguante, de la capacidad de soportar y tolerar todo lo malo, venga de donde venga.
GANASTE.
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